Historia

Casi 100 años después El nacimiento de la Asociación de la Prensa de Melilla

 

La Asociación de la Prensa de Melilla (APM) es una de las más antiguas de España. Su creación data del año 1913 y en ella participaron numerosos jóvenes periodistas que luego se convirtieron en próceres de una Melilla que algunos autores bautizaron como la hija de Marte. La APM es una entidad que por su importancia en el mundo social, cultural y político de la época llegó a convertirse en eje central de la vida de una ciudad, convulsionada por las llamadas campañas de África y los avatares políticos de los diferentes momentos históricos por los que pasó nuestro país. Conocer más de cerca esta entidad nos da las claves de numerosos acontecimientos que tuvieron lugar en Melilla y que directamente están relacionados con decisiones tomadas en el seno de la APM.

 

Por:  Francis Alemany. Compañero periodista, miembro de la Asociación de la Prensa de Melilla.

 

Antecedentes del periodismo en Melilla

 

Melilla se abrió al periodismo entorno al año 1819 cuando se elabora un periódico manuscrito de línea ideológica poco afín al entonces gobierno absolutista de la nación. En la redacción de este primer atisbo periodístico intervinieron de manera destacada el ingeniero Santillana y el presbítero Francisco López, todo ello coincidiendo con la presencia en nuestra ciudad de célebres personalidades políticas que cumplían su destierro en el entonces presidio melillense. Entre los personajes que cumplían esa condena podemos encontrar a José María de Calatrava, que había sido diputado por Extremadura y en 1820 fue nombrado presidente de las Cortes; Francisco Sánchez Barbero, director del diario El Censor; Manuel Pérez Sobrino Ramajo, ex editor de El Conciso, fundado en 1810 en Cádiz y en su época uno de los diarios nacionales de mayor difusión, y Bernabé García de Castilla, ex diputado por las Islas Canarias y ex editor del Redactor General de España.

En el verano de 1881 aparecieron dos periódicos manuscritos: El Cañón de Leganés y La Tauromaquia, ambos ejemplares únicos confeccionados por varios oficiales del Regimiento de Infantería Extremadura que por entonces permanecía en la ciudad formando parte de su guarnición. Estos dos ejemplares se conservaban en la Hemeroteca de Tetuán, siendo la datación del primero del día 16 de agosto. En su presentación, El Cañón de Leganés decía: Desde hoy dispararemos sobres Vdes. una lluvia de… anécdotas, chistes, noticias curiosas, artículos serios y humorísticos… destinados a entretener… Hemos adoptado para nuestro periódico el título de El Cañón de Leganés… por ser Leganés el nombre del pueblo en que existe un célebre establecimiento donde, de continuar algún tiempo en Melilla, iremos a parar indudablemente todos los de la redacción. Recordemos que entonces en Leganés había establecido un famoso manicomio. De carácter divertido, jocoso y a veces incluso irreverente con la autoridad, aportó poesías firmadas con seudónimos y artículos en prosa pero llenos de ironía. Este primer periódico constó de ocho páginas, sin ilustraciones y con una apretada caligrafía de letra inglesa.

El 11 de septiembre de 1881 salió a la luz La Tauromaquia, una gacetilla también manuscrita y confeccionada por el mismo equipo humano que El cañón de Leganés. Al parecer, estos oficiales decidieron matar el tiempo confeccionando este tipo de publicaciones para, de esta manera tan curiosa, pasar a la posteridad a través de sus páginas. En este número quedó reflejado el buen rato que pasaron el 8 de septiembre de 1881 celebrando una corrida de toretes (tal y como reza en el manuscrito) con ocasión de la festividad de la Virgen de la Victoria, Patrona de Melilla. Este evento taurino dispuso de cuatro páginas y como única ilustración del monográfico aparecía la cabeza de un toro en su portada.

Dos años más tarde de la publicación de La Tauromaquia, en las Islas Chafarinas apareció un nuevo periódico manuscrito, El Meteoro, del que al menos editaron tres números. El último en aparecer está datado el 4 de marzo de 1883 y tenía cuatro páginas. La autoría de esta publicación no se conoce a ciencia cierta pero todo apunta a que su nacimiento se debe a las mismas manos que dieron vida a los anteriores en Melilla.

Finalmente, en 1897 se confeccionó otro periódico manuscrito, el denominado El Gurugú. Pero la práctica de realizar diarios elaborados a mano no finalizó con el siglo XIX, sino que continuó durante la primera mitad del XX, a veces en soporte mural y en otras ocasiones incluso tirado en rudimentarias multicopistas. Así, a estos raros ejemplares manuscritos siguió la aparición del primer y auténtico periódico, el Diario de Melilla, cuyo número uno salió a la luz pública el martes 12 de diciembre de 1893. Este diario se editó al calor de la llamada Campaña de Margallo y contó con la ayuda e interés del oficial de la Administración Militar, Antonio Pezzi. La vida de este diario fue efímera pero su existencia nos sirve para entender que el nacimiento del periodismo en Melilla está íntimamente ligado a las campañas militares que tuvieron como escenario nuestra ciudad.

 

Las campañas de África

 

La proximidad de Melilla a los escenarios bélicos marroquíes propició que hubiera en nuestra ciudad muchos corresponsales fijos de diarios y revistas nacionales. Es más, en la vorágine de información que se generaba desde aquí, los grandes diarios destinaron a sus más reputados informadores como enviados especiales.

Así, podemos decir que las campañas de África fueron, desde la llamada Guerra de Margallo, el inicio del periodismo en nuestra ciudad. 1893 supuso la llegada de corresponsales de revistas y periódicos a Melilla para narrar de primera mano los acontecimientos que aquí se desarrollaban. Las sucesivas campañas, las de 1909 y 1921, afianzaron un teatro de operaciones donde la prensa se había instalado casi de manera definitiva.

Es preciso reseñar que el alumbramiento de la Asociación de la Prensa melillense fue una consecuencia del enorme desarrollo de la ciudad a partir del año 1909 cuando, con ocasión de una Campaña militar que trajo a más de 40.000 soldados, la población civil pasó de 12.000 a 21.000 habitantes, produciéndose la consiguiente proliferación de medios de comunicación para informar desde el escenario de la noticia. Podemos decir que concretamente en 1913, fecha en que la Asociación irrumpe en el panorama social de Melilla, la población local alcanzaba la cifra de 29.663 almas, mientras que la guarnición militar se cifraba en 27.891 hombres.

Pero los corresponsales destacados en la ciudad se vieron en su mayoría obligados por la censura militar o bien por la falta de noticias en periodos de tregua, a no poder escribir ni una sola línea sobre los acontecimientos que se sucedían en el campo de batalla. Ante estas circunstancias, adoptaron la decisión de dedicarse a inmortalizar en las páginas de sus publicaciones periódicas o bien libros, extraordinarias crónicas de asuntos locales.

Afortunadamente para la ciudad, gracias a los artículos de estos reporteros de guerra y a sus trabajos tanto literarios como gráficos, han llegado hasta nosotros informaciones que no eran habitualmente tratadas por los cronistas locales en los diarios de Melilla.

Muchas de las más importantes figuras del periodismo español visitaron Melilla con ocasión de los conflictos bélicos desarrollados en las proximidades de la ciudad o en su propio territorio tal como ocurrió en 1893 con la denominada Guerra de Margallo. La lista de periodistas que pasaron por la ciudad es larga y en ella podemos mencionar por ejemplo la presencia de Ramón García Rodrigo Nocedal de El Siglo Futuro de Madrid, Luis Morote y Rodrigo Soriano de El Liberal de Madrid, José Boada, de La Vanguardia de Barcelona, Francisco Hernández Mir de El Porvenir de Sevilla, Gonzalo Reparaz de La Ilustración Española y Americana revista madrileña, Rafael Gasset director de El Imparcial de Madrid, y Adolfo Llano de Alcaraz de La Ilustración Nacional, revista igualmente editada en la capital de España.

De estos célebres periodistas solamente unos pocos se interesaron también por la Campaña de 1909, siendo únicamente Hernández Mir quien alcanzó a recoger en sus crónicas y libros los coletazos agónicos de la oposición armada al protectorado español en el Norte de Marruecos.

 

Nacimiento de la Asociación de la Prensa

 

Fue el empeño de Juan López Merino, director del Heraldo de Melilla, diario vespertino dependiente de El Telegrama del Rif, el que propició el nacimiento de la Asociación de la Prensa de Melilla.

Así, el 1 de marzo de 1913 tuvo lugar el primer encuentro de los periodistas melillenses a fin de constituir en la ciudad la Asociación de la Prensa. La reunión tuvo lugar en los salones del Casino Español y en ella por unanimidad fue elegido el primer presidente de la APM, Cándido Lobera. Era este propietario, fundador y director de El Telegrama del Rif, así como miembro influyente y conocido de la sociedad melillense de la época.

Al día siguiente de su elección el presidente Lobera invitó a los compañeros periodistas a un almuerzo en el restaurante del Hotel Marina. Era ésta una forma de mantener un primer contacto con los asociados de la entidad recién nacida. Y cómo mandan los cánones del protocolo, la directiva de la Asociación de la Prensa era recibida el 3 de Marzo en audiencia extraordinaria por el Comandante General de Melilla con quien se trataron temas de interés para el gremio de los informadores.

Lógicamente, siguiendo con las reglas del protocolo a las que aludíamos anteriormente, la directiva encabezada por Lobera se reunió con el General José Villalba Riquelme, Presidente de la Junta de Arbitrios, una curiosa entidad cívico-militar encargada de velar por los asuntos municipales.

Los pasos de la Asociación comenzarían a encauzarse toda vez que los periodistas asociados correspondieron a la gentileza culinaria de Lobera, ofreciéndole a éste un banquete en el Hotel Victoria, en el transcurso del cual el Presidente anunció que después del contacto mantenido con la empresa del Teatro Alfonso XIII, ésta se mostró dispuesta a organizar una fiesta a beneficio de la Asociación. Sería este el primer acto de la APM para conseguir fondos con los que mantenerse.

A comienzos del mes de abril de 1913 la Asociación de la Prensa celebró su primera Junta General, en la que se aprobaron definitivamente sus estatutos, las bases para el servicio médico-farmacéutico, el nombramiento de Jorge Solanilla como médico de la entidad, el ofrecimiento de la Presidencia de Honor al ilustre Mariano de Cavia, e igualmente, por aclamación, se nombró una nueva Junta Directiva compuesta por Lobera como Presidente; Jaime Tur, vicepresidente; Juan López, tesorero y Rafael Fernández de Castro, secretario.

Los primeros años de existencia de la APM fueron de una actividad frenética, pero uno de los primeros logros, meses después de su nacimiento, fue el hecho de que la Comandancia General de Melilla, a mediados de junio, diera instrucciones para facilitar el uso de la Telegrafía Militar a los corresponsales de Prensa de la Península. Esta medida es el fruto de la intervención de la Asociación de la Prensa de Melilla, que en su momento recibió las quejas y protestas de los informadores enviados por el Heraldo, Imparcial, Prensa Asociada, Noticias, Mundo, Cronista y las agencias Mencheta y Fabra.

Desde su nacimiento la Asociación ha cumplido con su deber de intervenir amistosamente en las cuestiones y diferencias personales y periodísticas que se originaban entre los socios, amén de cohesionar los intereses de los profesionales de la información que ejercían su labor en la ciudad, una Melilla que se hallaba en un momento de la historia trufada de desasosiegos, desencuentros y, como escenario, las campañas militares.

Precisamente queda constatado que las operaciones castrenses en el Protectorado atrajeron a muchos peninsulares, pero no todos venían a trabajar algunos ya entonces realizaban visitas a familiares aquí radicados. Así, en el mes de julio de 1913 visita la ciudad Florentino Elizaicin, Presidente de la Asociación de la Prensa de Alicante y hermano de Miguel Elizaicin, Coronel de Caballería del Regimiento Taxdirt con destino en Melilla. Esta reunión familiar hubiera quedado en una simple anécdota de no haber sido porque el mencionado coronel fundó una delegación de los boy scouts en la ciudad y participó en 1914 en la creación de la Sociedad Hípica de Melilla, de la que fue su primer presidente.

La importancia e influencia de la Asociación de la Prensa de Melilla en la vida de la ciudad quedó probada cuando en el mes de febrero de 1914 una representación de la APM se integró en la Comisión de fuerzas vivas locales desplazada a Madrid en aras de solucionar algunos problemas que afectaban a la ciudad. La justificación de esta caravana hacia Madrid la encontramos en la ausencia de partidos políticos y el carácter cívico-militar de la Junta de Arbitrios, dirigida por el segundo General de la Plaza. Este vacío obligaba a la unión de los representantes de los diferentes sectores sociales para poder alzar la voz en la capital de España

El papel de la APM dentro de la sociedad melillense fue muy activo en todos los frentes. Desde el mundo cultural hasta el mundo de la política, la Asociación de la Prensa jugó un rol imprescindible para comprender el complejo puzzle de estos años convulsos. Una muestra de la importancia de la APM fue la presencia de una representación de los periodistas locales asociados en la primera manifestación que se celebraba en la historia de la ciudad en defensa de los obreros del Puerto.

El año 1915 marcó un antes y un después en la vida de la APM. Fue a partir de ese momento cuando la Asociación de la Prensa de Melilla entró en una profunda crisis, llegando a desaparecer. Ocho años después resurge y lo hace en 1923, cuando la ciudad experimentaba un nuevo crecimiento derivado de la Campaña militar de reconquista del territorio perdido, tras el Desastre de Annual de 1921, en la zona Orienta del Protectorado Español en Marruecos.

 

Los primeros logros y actividades

 

Para festejar el primer aniversario de su fundación, los miembros de la Asociación de la Prensa celebraron un almuerzo fraternal en Nador. Una comida campestre a orillas de la conocida como Mar Chica, una playa cercana a Melilla. Para el desplazamiento hasta la zona los periodistas contaron con la cesión de un tren de la compañía minera del Norte Africano que tenía en su trayecto una parada próxima al lugar del banquete. Este evento de celebración estuvo abierto al público en general y sólo era preciso hacerse de una invitación para formar parte de la expedición.

A mediado el mes de abril de 1914, Lobera como Presidente de la Asociación de la Prensa expidió el primer despacho telegráfico desde la recién inaugurada estación telegráfica de Melilla, hecho que abría nuevas perspectivas en la labor de los periodistas llegados de la Península, que de esta manera podrían enviar sus crónicas en tiempo récord. En fechas posteriores a este evento tuvo lugar el primer festival organizado por la Asociación a beneficio de su Caja de Socorros, fue en la noche del 20 de abril, en el Teatro Victoria, y constituyó un fracaso ante la falta de público motivada por las inclemencias del tiempo. Parecía esta primera actividad abocada al fracaso ya que demoró su celebración prevista para el mes anterior porque en esas fechas la Cruz Roja programó un concierto a beneficio de los damnificados por un reciente temporal. Esta primera celebración no sería la tónica habitual ya que la APM se convertiría años más tarde en el verdadero motor del mundo cultural de la ciudad, consolidando los que se conocerían como los bailes de la prensa.

Tras el primer intento fracasado, el Teatro Reina Victoria fue el marco elegido por la APM para celebrar la noche del 8 de febrero de 1914 una función a beneficio del Montepío de los periodistas. Las autoridades enviaron donativos, el empresario teatral cedió el local, Gaselec (la compañía de Gas y Electricidad) aportó la energía eléctrica gratis, los jardineros del Parque Hernández lo decoraron con flores y finalmente la banda de música del Regimiento de África amenizó la fiesta. Fue todo un éxito que reportó ciertos beneficios a la Asociación de la Prensa melillense.

Pero los logros y actividades no sólo se ceñían a celebraciones de banquetes y fiestas, también los periodistas alcanzaron metas muy importantes como por ejemplo participar en el congreso de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España en 1915. Desde entonces, los periodistas melillenses están integrados en una entidad de carácter nacional que en 2006 agrupa a más de 13 mil periodistas de toda España.

Melilla fue durante muchos años punto de atención informativa, así la Asociación de la Prensa recibió durante los primeros años de existencia numerosas visitas de importantes personajes tanto del mundo periodístico como de la alta sociedad española. De hecho a comienzos del mes de julio de 1914 visitó la ciudad el Conde de Romanones, indiscutible personalidad del panorama social a nivel nacional, por ello no es de extrañar que una nutrida representación de la Asociación de la Prensa local le diera la bienvenida y despachara con él en un breve encuentro. También en el transcurso de este mes llegó a Melilla el célebre redactor de El Mundo y director de la revista África Española, Augusto Vivero, que fue nombrado Socio de Honor de la APM. Y finalmente, también visitó la ciudad otro conocido periodista, Francos Rodríguez.

Los primeros logros de la APM serían pequeños pasos que tenían como fin resolver los problemas con los que se encontraban los periodistas en su labor diaria. Un buen ejemplo de ello sería el hecho de que la Asociación de la Prensa de Melilla consiguió, después de diferentes negociaciones, un palco exclusivo para los periodistas en la Sociedad Hípica, palco que sería utilizado para, desde allí, desarrollar el trabajo de los profesionales de la información de forma confortable.

Pero detengámonos en el año 1924. Este estuvo caracterizado por una generalizada ilusión que embargó a todos los miembros de la entidad por la puesta en marcha de un ambicioso proyecto: la Colonia de la Prensa. Era este un proyecto que permitiría a los periodistas melillenses contar con lo que hoy día podríamos equiparar con una urbanización exclusiva, sólo abierta a los profesionales de la prensa, tal como, al parecer, sucedía en otros lugares de España como Madrid o Barcelona. Con la finalidad de obtener ingresos para la futura colonia, en noviembre de 1924 se presentó instancia ante la Comandancia General solicitando la autorización para organizar y celebrar un festival popular benéfico consistente en un concurso de carrozas, con batalla de flores, confetti y serpentinas en la Plaza de España y Avenida Alfonso XIII. A lo largo de los años las negociaciones en torno a este asunto se fueron sucediendo con los diferentes mandatarios que ostentaron la presidencia de la Junta de Arbitrios, más tarde Ayuntamiento, pero desgraciadamente el proyecto de la colonia de la Prensa sólo se quedó en eso, en un proyecto. La guerra civil acabó con este sueño e incluso con la existencia de la propia asociación.

Pero sigamos en los años veinte, porque 1926 fue un año de gran trascendencia en el desarrollo de la Asociación de la Prensa de Melilla, pues en el transcurso del mismo normalizó sus relaciones con la Federación de Asociaciones de la Prensa de España con la expedición del carné profesional de periodista, se abandonó la postración económica que padecía esta entidad gracias a la celebración con éxito de su primer baile de máscaras y lo más importante, se puso en funcionamiento el servicio médico y de socorro para periodistas que venía demorando su implantación desde que la asociación fue fundada allá por 1913.

Definitivamente tenemos que hacer hincapié en los llamados bailes de máscaras que resultaron ser la mejor baza de la APM para su desarrollo e implantación en el día a día de los melillenses. Estos bailes se convirtieron en un clásico dentro de la vida social de la ciudad y llenaban un hueco que ninguna entidad alcanzaba a ocupar. Con estos eventos se conseguía financiar a la Asociación y además proporcionaba una intensa vida social a una ciudad que aún estaba muy retraída por los recientes acontecimientos de 1921. Así tras el éxito obtenido en el primer festival a comienzos de 1927, concretamente en febrero y en el salón del Kursaal, se celebró por segunda vez, y con éxito, una fiesta de Carnaval. Serían estas unas fiestas que se convirtieron en una fecha destacada en el calendario local hasta los años cincuenta.

 

Periodistas de una época

 

La llegada de periodistas a la ciudad hizo que el mundo de la información viviera un revolucionario momento. Así, docenas de reporteros se instalaron en Melilla y se unieron a la saga de otros tantos nacidos en la ciudad. Por ello si nos fijamos en la larga lista de profesionales de la información podemos observar que existen nombres que han sido clave y comunes en las diferentes etapas que ha vivido la APM desde su nacimiento en 1913.

Una de esas personas que ha estado presente en todas las etapas de los primeros años de vida de la Asociación de la Prensa de Melilla es Rafael Fernández de Castro, secretario de la APM desde su fundación. Un personaje que nació en la Coruña el 24 de febrero de 1883 en el seno de una familia militar. En Melilla se estableció junto a sus padres y hermanos en el año 1906 siendo uno de sus primeros trabajos el de empleado de la Compañía Transatlántica. Entre los años 1914 y 1919 fue Jefe de Sección de Estadística de la Junta de Arbitrios y Secretario General de la Cámara de Comercio. Siendo así De Castro formó parte de muchas de las comisiones que viajaron a Madrid para resolver asuntos relacionados con la ciudad. Además de estos cargos que lo situaban entre lo más granado de la sociedad melillense de la época, Fernández de Castro promovió a lo largo de 1912 una exitosa campaña periodística en pro de la construcción del Cementerio de Guerra de la llamada Segunda Caseta situada en las proximidades de la población marroquí de Beni-Enzar. Sus numerosas contribuciones dentro del mundo cultural le proporcionaron en 1917 cargos de relevancia dentro del Ateneo Científico y literario melillense. Así la ingente labor arqueológica que realizó descubriendo la necrópolis del Cerro de San Lorenzo, allá por 1915, le sirvió para convertirse en el fundador del primer museo de la ciudad. Es, por tanto, merecedor del título de Cronista Oficial de Melilla, cargo que ostentó hasta su fallecimiento.

Pero si importante es la figura de Fernández de Castro no sólo en la Asociación de la Prensa si no en la historia de Melilla, no lo es menos Juan López Merino, que resultó el verdadero impulsor del nacimiento de la entidad que desde 1913 defendería los intereses de los periodistas.

López Merino era malagueño de nacimiento y arribó a la ciudad a comienzos del siglo XX persiguiendo la prosperidad en el vertiginoso desarrollo de Melilla. Trabajó como director del Heraldo de Melilla, propiedad de Cándido Lobera. López Merino contrajo matrimonio en la localidad de Priego, provincia de Córdoba, en 1907 con Matilde López Uceda. Y en Melilla, ya en 1909, le nació su hijo Juan. El primogénito de Merino años más tarde se convertiría en un cotizado artista que diseñó el archiconocido monumento de la Plaza de España que preside el centro radial de la ciudad, un monumento que rinde homenaje a los héroes y mártires de la Campañas. Se trata de un obelisco inaugurado el 6 de septiembre de 1931, hecho que recoge la prensa del momento incurriendo en un error por el que se atribuía la autoría del monumento a su padre: Juan López Merino. No fue esta la única anécdota con este querido personaje, ya que en 1914 la popularidad de López Merino era tal que por error se dio su nombre a una céntrica arteria urbana, que en vez de llamarse, como se acordó López Moreno, se rotuló como López Merino.

Juan López Merino fue muy querido en Melilla, ciudad que solía visitar con regularidad para pasar algunos días con familiares y amigos, recibiendo constantes muestras de cariño y admiración desde la Asociación de la Prensa y el Ateneo.

 

Dos presidentes

 

La Asociación de la Prensa de Melilla contó en su seno desde sus inicios con personajes muy relevantes en la vida social de la ciudad. Un buen ejemplo de ello es la lista de nombres de las personas que presidieron la entidad durante sus primeros años de vida. Precisamente entre esos nombres destacamos el de su primer presidente, Cándido Lobera. Fue éste una figura señera, la principal podríamos decir, de la sociedad melillense en el primer tercio del siglo XX. Nació en Granada en 1871 en el seno de una familia de clase media y tras su ingreso en la Academia Militar de Artillería, en 1891 obtuvo el grado de primer teniente. Dos años más tarde y con motivo de la Guerra de Margallo fue destinado a Melilla, donde echó raíces hasta su fallecimiento en 1932.

Después de participar como colaborador en diferentes iniciativas tendentes a la creación de un periódico local. En 1902 acometió con éxito la aventura de la fundación del diario El Telegrama, que pasó a denominarse El Telegrama del Rif a partir de 1903.

Hombre de negocios, en 1898 abrió la Academia Preparatoria Militar Santa Bárbara, y un año más tarde intervino en el nacimiento de la Asociación de Comerciantes e Industriales, que poco tiempo después se transformó en la actual Cámara de Comercio.

En 1905 se le nombró secretario del Centro Hispanomarroquí en Melilla, y en 1913 al fundarse la Asociación de la Prensa local, por su trayectoria en el periodismo melillense, fue nombrado presidente de la misma.

En el aspecto político, era un monárquico convencido, nada partidario de la implantación de un régimen civil en la ciudad por su condición de plaza militar vecina a un territorio en conflicto. Por ello una vez que se pacificó el Protectorado, se le encomendó una importante labor de figura-puente entre la obsoleta Junta de Arbitrios y el Ayuntamiento venidero. Al proclamarse la II República en Melilla en 1931 y constituirse el primer Ayuntamiento de la población, toda la ciudad le reconoció la importante labor realizada. Africanista de opinión muy respetada, además de los innumerables editoriales que firmaba en El Telegrama del Rif, publicó algunos folletos generalmente relacionados con la acción española en el Norte de África. Su labor en el seno de la APM fue muy significativa ostentando la presidencia de la misma durante años, siempre y en todo momento con la aclamación de los asociados que le reeligieron en numerosas ocasiones.

Otros periodistas ostentaron la presidencia de la APM durante períodos muy cortos debido a vacíos legales producidos por diferentes circunstancias, pero las figuras más importantes y señeras de esta entidad en la presidencia fueron Cándido Lobera y Jaime Tur y Mary. Este último Llegó a Melilla en el año 1905 procedente de Madrid, donde trabajaba en la redacción del diario El Globo. Casado en primeras nupcias con la pianista, escritora y poetisa Adelaida Muñiz y Mas, el destino de su suegro en la guarnición de nuestra ciudad como general segundo jefe y presidente de la Junta de Arbitrios, motivó su traslado a Melilla.

Una de las circunstancias más singular de cuantas podemos destacar en la biografía de Tur es la cantidad de cargos que compatibilizó al mismo tiempo durante años. Jaime Tur trabajó en la Junta del Puerto y en la Cámara de Comercio, fue concejal del Ayuntamiento y presidente del Casino Español. Como periodista trabajó durante varias etapas en El Telegrama del Rif y dirigió diversos diarios y semanarios de su propiedad, con títulos como El Muluya, La Gaceta de Melilla y La Gaceta Ilustrada. Además durante la campaña de 1909 desempeñó la corresponsalía de los rotativos ABC y La Tribuna. Tur y Mary fue un hombre inquieto y como periodista abordó todos los aspectos de su profesión, así destacó como crítico literario, teatral y de cine, firmando sus artículos con el seudónimo de Conde de Mezquita. En 1916 publicó la obra Mis Cuartillas, una recopilación de doscientos veintidós artículos publicados anteriormente en La Gaceta de Melilla.

Por su valía profesional obtuvo numerosas recompensas militares y civiles. Ocupó la presidencia de la Asociación de la Prensa local y en el mes de abril de 1934 fue nombrado Hijo Adoptivo de Melilla. Falleció el 17 de septiembre de 1949.

 

93 años después

Después de haber repasado las circunstancias en las que aparece la APM en la escena social melillense y tras revisar lo que fueron sus primeros años de vida echemos un fugaz vistazo a la actualidad. Ciertamente los tiempos han cambiado mucho desde aquellos primeros periódicos que se escribían a mano. La sociedad de la información, la globalización y otros nuevos términos se han hecho familiares en el mundo periodístico, trufado de profesionales que nada tienen que ver con aquellos otros que usaban la telegrafía para enviar sus crónicas a la Península, escritos que por lo general veían plasmados en los periódicos días después de producirse la información Hoy todo es más rápido e inmediato pero el trabajo de los periodistas no ha cambiado mucho en su esencia. Aunque los escenarios son muy diferentes, el trabajo de los informadores sigue siendo un punto de referencia cada mañana para muchos ciudadanos 93 años después.

One Thought on “Historia

  1. Miguel Angel Roldán on 12/10/2012 at 09:41 said:

    Agradezco el esfuerzo del autor de recopilar gran parte de la historia de la Asociación de la Prensa de Melilla, pero claro, no he leído ni una sola línea en relación al diario “EL POPULAR” que estuvo presente en la vida melillense desde 1916 hasta 1936 (concretamente el 17 de julio donde literalmente sus talleres y enseres fueron arrasados por las fuerzas rebeldes).

    En sus páginas existen firmas muy valiosas para comprender la realidad de la Melilla de la época, pero si solamente nos atenemos a los contenidos de “El Telegrama” tendremos una visión parcial de nuestra historia.

    Quiero traer aquí la figura más emblemática del periódico “El Popular” : José Mingorance.

    Un saludo entrañable y ¡FELIZ CENTENARIO!

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